
Escribo esta crónica sabiendo ya que Canela Party 2026 ha desvelado sus primeros nombres y que el año que viene solo serán tres jornadas. Afronté mi primer Canela con espíritu jovial y acabé como un viejo destrozado. Con la resaca emocional y etílica todavía corriendo por mis venas, os explico mi experiencia vital y musical en Torremolinos. El Canela después de 17 ediciones se ha convertido en un must para la gente del sur, los mesetarians y parte del extranjero. Estamos ante un festival pequeño por donde han pasado casi veinte mil personas en cuatro jornadas y donde la cereza del pastel se concentra en el sábado, el día donde todo el mundo va disfrazado. Imposible saber quién será el ganador. La oferta musical, culinaria y los DJs hacen del encuentro veraniego un lugar casi de ensueño.
El bautismo
El miércoles teníamos ganas de bautizarnos en el Canela con una banda malagueña llamada Serpiente Orión. El quinteto formado por J.A. Soler ‘Kantz’ (voz, sintetizador), Antonio Gámez (guitarra), Mario Vivancos (guitarra), Rubén Elio (bajo) y Fernando Morillo (batería) hicieron un show que fue de menos a más y que nos hizo calentar los primeros headbangings. Esperemos que la continuación de su debut ‘Sopa’ llegue este mismo 2025. Los cinco grupos del primer día tocaban únicamente en un escenario, el Fistro, y no llegaron a la hora de concierto, y eso supone ir al grano, con el disfrute asegurado del público. En la primera jornada todo era espacioso y estar en primera fila fácil de conseguir.
La Milagrosa llegaban desde Madrid con ganas de agradecer su participación en el festival y también de demostrar que sus fanáticos están en toda la península. Su dream punk manufacturado con ganas y sudor lo llevan a la maravilla el cuarteto que tocó en 2023 en el Mad Cool. La voz del líder Germán Ges, el bajista Gonzalo Sánchez (bajo y coros), la guitarra de Jesús Martínez (guitarra y coros) y Marina Moon a la batería me parecieron geniales y con ellos saludamos a la luna y dijimos adiós al sol.
Maria Iskariot fue una historia de amor desde el primer riff y el principio de algo doloroso. Su punk rock femenino de Flandes (Bélgica) me recordó a las L7 más destroyer y a las Hole más comerciales. Me metí en el pogo con sandalias de playa, le regalé mis gafas de Kurt Cobain a la bajista, el resto es historia. Con apenas unas canciones, el grupo de Helena Cazaerck, se convirtió en la sensación de 2024, telonearon a Tropical Fuck Storm y han fichado por Montgrí, el sello de Cala Vento. Riot girls al poder.
Palmeras Negras demostró que el sello Aloud Music sigue siendo un referente en medio mundo. El quinteto de Almería está influenciado por las bandas que han sido nuestra banda sonora vital. Gracias Jesús Barrau. Yo les hubiera metido como teloneros de Amenra, para mí el mejor concierto del festival, que actuaron el viernes.
Kokoshca por méritos propios cerraron la primera jornada. Con su nuevo largo ‘La Juventud’ (Sonido Muchacho, 2024) han alcanzado su prime, su mejor estado de forma, su merecida recompensa. Gracias Amaia e Iñaki. Menudo bolo del cuarteto.
El punk del siglo XXI
Lo mejor de ir al Canela Party es que se trata de un festival para descubrir grupos nuevos, al tiempo que sigues reverenciando a los tótems particulares. La jornada del jueves tuvo un poco de estas dos almas, pues por una parte gozamos de propuestas cada vez más consolidadas como las de Bob Vylan o Lambrini Girls, pero también nos topamos con la grata sorpresa de Ecca Vandal, cantautora sudafricana asentada en Melbourne.
Sin más dilación vayamos a los que nos deparó el día. De entrada, el nombre de Casero nos remitía a algo artesanal o con cierto mimo. Lo definen como “un espacio intimo en el que habla sobre las cosas que siempre están, pero que a veces pasan inadvertidas”. Pese a que en la actualidad sean frecuentes los proyectos nacidos en casa, tipo Depresión Sonora, en esta ocasión se ponía más el énfasis en lo puramente emocional, aunque sin la crudeza de Marcos Crespo. Quizás por este motivo se antojó algo demasiado desangelado para venirse arriba desde pronto. No desagradaba para nada su escucha, pero un poco más de garra se hubiera agradecido para despertar al personal.
Subieron el nivel las catalanas Mourn, que evocaban el indie rock de los noventa en plan Pavement y y tenían otros curiosos intereses como el post rock de Chicago o la poesía de William Blake. Vale, tampoco eran para desmelenarse, pero piezas del estilo de “Alegre y jovial” o “Could Be Friends”, si no me equivoco, poseían un cuidado equilibrio entre tralla guitarrera, la nostalgia de la banda de Stephen Malkmus antes mencionada o el rock alternativo, entre otras cosas. Y encima las chicas le echaron unas ganas tremendas en el escenario.
La sorpresa del jueves recayó sin duda sobre Ecca Vandal, que exhibieron tal solidez sobre las tablas que nadie diría que en realidad se trataba de un proyecto personal en lugar de un grupo con todas las de la ley. Apoyada por una versátil y muy competente formación, esta rapera y compositora lo mismo arremetía con furia punk en “Cruising To Self Soothe” que se movía con coreografías dignas de una diva del R&B contemporánea. La peña alucinó tanto con ella que los aplausos eran frecuentes ante una artista que saltaba de género a género con una facilidad pasmosa.
Cabe mencionar que Dennis Lyxzén de Refused colaboró con ella en “Price of Living”, por lo que ya solo con este detalle su valía debería quedar sobradamente demostrada. Y el pasado marzo y abril tuvieron la fortuna de abrir para Limp Bizkit en su gira europea. Normal, un talento de este calibre solo podría ir hacia arriba.
No me duelen prendas en afirmar que el punk del siglo XXI será el de las chicas, con esa mirada tan personal y diferente a los enfoques tradicionales del género. Las británicas Lambrini Girls poseen la rabia del 77 o de Bikini Kill en cuanto a actitud y temas que levantan de un plumazo, caso de “Big Dick Energy” o “Cuntology 101”. Por si fuera poco, ya en los primeros minutos la vocalista y guitarrista Phoebe Lunny se metió en el bolsillo al personal zambulléndose entre la muchedumbre e incitando hasta al más renuente a incorporarse al fiestón que se estaba generando.
No concedieron ni un segundo de respiro, mientras preguntaban a la gente si odiaban al gobierno tanto como ellas al de su país por preocuparse únicamente de los ricos. “God’s Country” era un fiel reflejo de esto último, una suerte de contundente manifiesto que cobraba todavía mayor valor en directo. Ya les había visto en el Rebellion y sigo deseando que en breve hagan una gira peninsular en condiciones, porque por donde pasan no vuelve a crecer la hierba. Apabullantes.
Otro que tampoco dejaba indiferente era Bob Vylan, cuyos cánticos en contra del ejército criminal de Israel le valieron hasta el reproche del primer ministro británico Keir Starmer, una vergüenza absoluta de político, lameculos de Trump que criminaliza actos a favor de Palestina y cuya última ocurrencia ha sido publicar las nacionalidades de los delincuentes para contentar a la ultraderecha.
Que gran parte del respetable comulgaba con los postulados del que también acusaron de cargarse el punk rock lo demostraron los gritos que decían “Fuck The BBC”, por lo que puede intuirse que su recital fue bastante combativo, como atestiguaban canciones como “We Live Here”, todo un antídoto contra esos perturbados con banderas que siguen hostigando los hoteles que acogen inmigrantes. El inquieto voceras concedió tiempo para la meditación, pero también para desmontar los bulos sobre su persona como el de fomentar el discurso del odio. Como si disparar contra civiles desarmados pidiendo comida fuera lo más empático del mundo. Si alguien molesta a tanta gente, es evidente que algo debe estar haciendo bien.
A los madrileños Biznaga les sigo desde los inicios y he de admitir que cada vez me resulta más complicado no descolgarme de lo que hacen, sobre todo después de su último disco ‘¡Ahora!’. Pensaba que se trataría de una broma cuando vi por el escenario una guitarra acústica, pero no, hizo acto de presencia en “Espejos de caos”. Es entendible que los grupos evolucionan, aunque a veces habría que marcar ciertas líneas rojas para no perder el norte. ¿Acaso alguien se imagina una balada de Eskorbuto o Parálisis Permanente? Pues eso.
Por todos los años de fan hasta la médula, quedémonos con “2K20”, “Una ciudad cualquiera” o incluso “Espíritu del 92”. Cierto es que hubiéramos preferido otro repertorio más centrado en los inicios, recuperando piezas de aquel glorioso ‘Centro dramático nacional’, del que parece haber pasado una vida, pero no neguemos que “La gran renuncia” o “El entusiasmo” también poseen rasgos de la rabia de antaño. Y en directo continúan dando el callo.
Y para despedirnos con buen sabor de boca, por lo menos para un servidor al que se le iban de las manos los tardíos horarios de esta edición que se prolongaban hasta las cuatro o cinco de la madrugada, ahí estaba Aiko el grupo, uno de los combos más populares en el mundillo indie. Su acelerado pop punk de ecos yeyés siempre resulta divertido, más todavía si les toca oficiar a medianoche. “Es la forma que tienes de ocultar algo que hay en tu mente” podría considerarse como una versión moderna de “Horror en el hipermercado” de Alaska y Pegamoides y le ponen tanto brío a sus actuaciones que no te aburres ni un segundo. Para no dormirse.
La noche más reñida
La tercera jornada la empezamos en el escenario Fistro viendo a Bum Motion Club. Con la espalda destrozada, agujetas hasta en los ojos y medio decaído me puse en la primera fila para demostrarme a mí mismo que la juventud no va reñida con la edad. A mis 46 años viví físicamente en el Canela lo mismo que en el Reading de 2005. Pero hablemos de lo musical. El quinteto madrileño ya alberga fans y forofos por toda la península. Es habitual verlos en escenarios del underground encabezando festivales y noches temáticas. Forman parte del roster de Alondra Music. Su música es shoegaze guitarrero del que nos traslada al mejor de los colocones. Su propuesta fue perfecta para encarar el viernes.
El retorno de los barceloneses Maple (escenario Jarl) estuvo a la altura de cuando Sunny Day Real State tocaron en el Primavera Sound. Los hermanos Beltri y Wero encima de un escenario después de 15 años, con fecha única y para celebrar su disco ‘The Daily Charm’ que es historia viva de una ciudad y una escena que siguen activos. Menudo set, menudas canciones, qué nervios, qué felicidad. Gracias Laura, Dani, Edgar, Cristina y Wero. Nos vemos pronto. Espero que haya fechas en Barcelona y Madrid. Esto no puede quedar así.
Ducks Ltd. son de Toronto, aunque el dúo principal lo componen Evan Lewis, cantante australiano, y el bajista Tom Mc Greevy, que nació en Reino Unido, pero se crió en Estados Unidos. Con dos discos editados en 2024 saltaron a la fama internacional con ‘Harm’s Way’. Por eso estaban en el escenario del Canela Party y por eso su indie sonó fresco y contundente. Las sonrisas del grupo fueron espectaculares, así como sus canciones. Fueron un soplo de aire fresco y se ganaron el puesto en la noche más reñida.
Bar Italia fueron apisonadoras en el escenario Jarl. Los británicos de Londres liderados por Nina Cristante vinieron al Canela para demostrar que ya merecen estar en festivales de alto voltaje. La magia del festival malagueño demuestra que el sur de España puede ser la cuna de futuros grupos espectaculares y la confirmación de que bandas indie de medio mundo pueden tocar en los festivales más tochos del mundo. El trío del barrio del Soho, gracias a temas mayúsculos como ’Cowbella’, ya han confirmado su paso por Barcelona y Madrid gracias a la promotora del Primavera Sound. Lo dicho.
Pocos entendían la inclusión de Amenra en un cartel mayoritariamente indie, pero el punto que se marcaron los organizadores del Canela Party fue beneficioso para que el Recinto Ferial de Torremolinos pudiera entender qué es el metal y porque es tan necesario. Con seis canciones y menos de una hora en escena, nos reventaron los tímpanos y nos hicieron recordar la figura de alguien como Brent Hinds de Mastodon, que falleció el 20 de agosto. Escuchar temas como ‘A Solitary Reign’ o verles hacer la prueba de sonido fue algo maravilloso. Confeti negro para una actuación para los libros de la historia.
Blonde Redhead supieron sacarnos del averno musical donde nos instalaron Amenra para disfrutar de un proyecto que amasa buenas críticas en todo el mundo. Con menos de diez temas supieron meterse al público en el bolsillo y a los ansiosos que ya contaban los minutos para el siguiente bolo. ‘Falling Man’ entró como un buen vino. Los neoyorquinos cerraron su set de cincuenta minutos con “Kiss Her Kiss Her”, de su álbum de 2023 ‘Sit Down For Dinner’.
Y llegó el momento de escuchar The Get Up Kids, que hicieron su único concierto en el país para celebrar los 25 años del ‘Something To Write Home About’, disco mítico de 1999 lanzado por Vagrant Records. Llegaron al Canela Party para cerrar su tour europeo. En el escenario vi a Dani Llamas de Gas Drummers. La gente enloqueció. Fue la primera vez que no pude estar en primera fila y los pogos no paraban. Karaoke colectivo desde la inicial “Holiday” hasta el cierre con “Don’t Hate Me”. A nivel físico, fue más duro que una clase de spinning. A nivel musical, otro check en mi lista.
Tatxers nos gustaron mucho y ya flaqueábamos. Las fuerzas se agotaron y despedimos el viernes con la música de Axolotes Mexicanos. No es lo mismo contarlo que vivirlo, así que vayan al Canela Party. Gracias a mi compañero Alfredo Villaescusa, plumilla y fotógrafo clasico de esta casa que me salvó los papeles en momentos de flaqueza. Una vez en la vida hay que experimentar el pitote del verano, aunque te cueste la salud física y mental.
El orgullo de la frontera y un cuelgue experimental
En consonancia con aquellos que inciden en la importancia de comenzar el día con un desayuno contundente estilo inglés, ahí estaban a primera hora los barceloneses El Diablo de Shangai en la tradicional fiesta de disfraces de la última jornada del Canela Party. Optaron por el atuendo playero para desgranar su peculiar post punk de ínfulas garajeras y partes que casi se antojaban spoken word. Y encima retaron al respetable a realizar “la conga más grande de Torremolinos”, por lo que uno ya puede imaginar el tremendo pitote que montaron a primera hora. “Joven ciudad” o “Himalaya” constituían dos prodigiosos ejemplos de la impresionante versatilidad que atesoraba este combo. Si todavía no les conoces y te mola la música vanguardista y experimental, he aquí un nombre fundamental del panorama contemporáneo.
A las madrileñas Shego no terminamos de pillarles el punto en su faceta más pop de “Que muera el amor”, pero sí que disfrutamos del filo post punk de “Curso avanzado de perra”, su personal revisión del himno “¡Viva!” de Los Punsetes o sus curradas melodías vocales con hasta tres reseñables cantantes. Quizás en este rollo a un servidor le tiren bastante más Ginebras, aunque estas chicas tampoco se lo montan nada mal en directo por su desparpajo e importante presencia escénica, realzada además en este caso por los disfraces.
MJ Lenderman & The Wind aparecieron del mismo modo ataviados de tenistas con la imagen de una cancha de fondo en pantalla. Su rollo reposado a lo The Jayhawks no podría decirse que cautivara de inmediato al personal, pues la mayoría parecía estar a otra cosa, aunque se fueron tornando guitarreros por momentos, hasta el punto de colar un fragmento del “Knockin’ On Heaven’s Door” de Bob Dylan. El líder intentó ganarse el favor del público ejercitando sus habilidades tenísticas mediante una raqueta y pelotas de papel que eran recibidas con júbilo por la afición. Otro contexto que no fuera el festivalero les habría beneficiado.
Los que sí que limpiaron el forro como pocos fueron los salvajes de Frankie and the Witch Fingers, que despertaron a la concurrencia de un plumazo evocando el abrasivo protopunk de The Stooges o el potencial incendiario de los combos garajeros de los sesenta y setenta. Si “T.V. Baby” no removía nada por dentro, mejor comprobarse el pulso. Una coctelera sónica agitada con frenetismo con una actitud escénica de comerse el mundo y una solidez que les permitía no perder ni un ápice de energía ni siquiera en las piezas más psicodélicas. Han estado de gira por nuestro país, y si todos sus bolos han sido tan apabullantes como el del Canela Party, esperemos que regresen cuanto antes. Un cuelgue experimental total.
Los también californianos Joyce Manor fliparon con los disfraces de la peña, especialmente con el de pulpo gigante, y se toparon con un público receptivo a su pop punk en la senda de Blink-182 con ecos nostálgicos a lo Pavement. Pese a la indiscutible calidad de piezas como “Constant Headache” o “Falling in Love Again”, era otro de esos grupos que seguramente llamarían más la atención en una reducida sala que perdidos en la muchedumbre de un festival. Se marcharon tan encantados con el recibimiento que no sorprendería que regresaran en breve.
Con los chalados de Fat Dog ya alucinamos en el último Bilbao BBK Live, por lo que sabíamos de sobra el potencial de esa salvaje rave con ínfulas industriales que montan en las distancias cortas. En el ámbito indie ya les deben conocer bastante, puesto que la concurrencia les recibió gritando “perro gordo”. No tardaron en liarla parda con el vocalista sumergiéndose entre la peña y obligando a arrodillarse a la multitud para resurgir con fuerza. Es impresionante lo que pueden provocar “Peace Song” o “Running”, una contundencia que podría pasar por completo desapercibida en estudio, pero que en directo es la leche. Cada vez ganarán más adeptos.
A pesar del colchón shoegaze y un inequívoco aroma a los The Cure de ‘Seventeen Seconds’ o ‘Faith’, DIIV pueden presumir de haber logrado un sonido propio, cargado además de la actitud subversiva del punk con mensajes como “Muerte a América” o “América es el gran Satán” mientras intercalaban imágenes de George W. Bush, Donald Trump y otros tipejos despreciables. Todo un lujazo contemplar a un grupo de este palo en un festival en el que las primeras filas incluso cantaban las melodías y riff de guitarra. Otro gran descubrimiento que nos llevamos para la saca.
Y si se siente algo especial viendo a The Stranglers o The Damned en su país de origen, lo mismo podría aplicarse a Derby Motoreta’s Burrito Kachimba en su Andalucía natal, en el que calificaron “el mejor festival del mundo”. Un show en el que cuidaron hasta el mínimo detalle, desde los disfraces de futbolistas, que cobraban sentido tras la intro de la serie “Campeones”, hasta un repertorio sin desperdicio que certificó la solidez de su última obra de estudio ‘Bolsa amarilla y piedra potente’, con canciones como “El chinche” o “La fuente”, entre otras.
El chamán de la kinkidelia Dandy Piranha pidió respeto para “las muchachas” antes de que se liara bien parda con “Las leyes de la frontera”, todo un himno contemporáneo a estas alturas. Y se trató de un recital tan intenso que el propio frontman terminó arrodillado como si rezara a alguna especie de deidad psicotrópica. Diría que la mejor vez que les he visto, y eso que ya he coincidido con ellos en infinidad de festivales, pero es que catarles en su propia tierra ya resulta una experiencia de otra dimensión. El orgullo de la frontera.
Y pusimos el broche a nuestro paso por el Canela Party con los australianos Tropical Fuck Storm, que definen lo suyo como “música rara para gente que está cansada de la misma mierda de siempre”. El líder Gareth Liddiard saludó a los asistentes con un “motherfuckers” antes de meterse en su burbuja de ruido y ritmos disonantes. Entendería que a algunos su propuesta se les fuera de las manos, más todavía a eso de las dos de la mañana, pero en este contexto, en un festival tan abierto a la experimentación y al vanguardismo, su presencia cobraba pleno sentido. Para fumar porros y viajar hasta otra dimensión.
Pues así finiquitamos una edición que optó por retrasar horarios para no pillar de pleno el clima sofocante, aunque eso provocó que los conciertos se alargaran hasta las cinco de la madrugada. Al margen de dicha medida, imagino que con detractores y partidarios, el llamado “pitote del verano” ha alcanzado casi la mayoría de edad, y recuperando aquellas sabias palabras que pronunció Milky, batería de Biznaga, esperemos que se haga un adulto y hasta consiga llegar a viejecito con una salud envidiable, despojado de prejuicios y acogiendo a todos los que no encajan en el resto de citas veraniegas. ¡Larga vida al festival de los raros!
La entrada Crónica de Canela Party en Torremolinos (Málaga) con Amenra, Biznaga, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba o Tropical Fuck Storm: El festival de los raros se publicó primero en MariskalRock.com.