El 15 de agosto de 1977 un radiotelescopio en Ohio detectó un enorme pulso de radio de origen desconocido, duró un minuto y doce segundos. Dada su intensidad y frecuencia, el astrónomo Jerry Ehman escribió la palabra “Wow!” en su cuaderno de notas, lo que originó el nombre de la señal que ahora pone como La entrada Crítica de Muse: The Wow! Signal se publicó primero en MariskalRock.com.

El 15 de agosto de 1977 un radiotelescopio en Ohio detectó un enorme pulso de radio de origen desconocido, duró un minuto y doce segundos. Dada su intensidad y frecuencia, el astrónomo Jerry Ehman escribió la palabra “Wow!” en su cuaderno de notas, lo que originó el nombre de la señal que ahora pone como pretexto Muse para construir su décimo trabajo de estudio, ‘The Wow! Signal’. Si el trío británico ya era un poco extraterrestre (están pensando construir una nave para la gira), ahora se vuelven alienígenas conceptuales, creando un disco cohesionado y bien estructurado que captura la esencia que ya nos brindaron en sus inicios.
La última década nos ha dejado un repertorio encapsulado en una sobreproducción digital que no se atrevía a tirar de válvulas de ampli, ahora han puesto el gain al 10 y podemos comprobar cómo Bellamy vuelve a sonar sobresaliente a las seis cuerdas. Hay espacio, aire entre los instrumentos y dinámica, han limpiado parte de las pistas de lo digital y casi se puede sentir el sudor de una banda compartiendo estudio.
El inicio no podía ser diferente a lo esperado, una señal espacial acompañada de una música estelar que nos lleva a “The Dark Forest”, un tema épico que va creciendo y creando un camino oscuro y algo claustrofóbico para lo que se viene. Sus coros amenazantes nos agarran del cuello para llevarnos a un viaje que continúa con “Nightshift Superstar”, la primera gran sorpresa; el bajo de Chris Wolstenholme devuelve la magia de ver que estamos ante uno de los grandes en el manejo de un instrumento crucial para el sonido de la banda. Un tema bailable pero con colmillo, quizás con una melodía algo más pop de lo normal, pero con un entramado rítmico impecable.
Alto en el viaje para un medio tiempo que evidencia que para mostrar fuerza hay que sanar heridas. “Shimmering Scars” se presenta tierna en estrofas y demoledora en estribillos. Con “Cryogen” vuelve el Muse más eléctrico. Aquí es donde los fans del trío van a comenzar a sonreír al evocar a ciertos pasajes de ‘Origin of Symmetry’. Un corte muy equilibrado entre la neurosis lírica de Matt y la potencia de un gran power-trío. Ojo a los minutos finales llamados a la gloria con esa lucha de egos entre guitarra, bajo y batería.
Para celebrar que estamos a mitad del disco, llega el momento más operístico y pieza central con “Be With You”, que inicia con un solemne órgano sosteniendo la voz de Bellamy, para mutar en un góspel eléctrico de lo más inquietante. Tema de libro para un estadio, quizás algo pomposo, pero la narrativa lo exige, más aún teniendo en cuenta el inicio de virtuosismo trabajado de “Hexagons”, la pista progresiva más jugona del redondo, que viene a argumentar que no han dejado de lado lo experimental ni la complejidad estructural algo esquizofrénica. Con ella han soltado un sonoro e intencionado “a la mierda el algoritmo”.
Aparece, como de la nada, la guitarra de Matt para firmar el riff de “The Sickness In You & I”. Aquí me quito el sombrero. No hace falta más para darte cuenta de la calidad del álbum. Es verdad que el estribillo parece algo previsible, pero sus cambios marcan la diferencia. Grande la voz de Bellamy y ese doble bombo de Dominic Howard. Enganchan con “Unravelling”, probablemente la gema más brillante de esta corona. Pasa de la electrónica al metal con una facilidad pasmosa, densa e impecable, solo de guitarra en su sitio y resolviendo como si fuera una masterclass compositiva.
Con “Hush” llega el momento colaborativo: la voz de la multiinstrumentista británica Ellie Goulding regala un contrapunto de lo más elegante para sacar a Bellamy de su monólogo natural. Una tregua perfecta y necesaria para llegar al desenlace con “Space Debris”, gran cierre para culminar con esta señal y llevarnos al vacío espacial.
No seré yo quien le ponga un pero a este ‘The Wow! Signal’. Muse sigue siendo esa banda descomunal que, si no has visto en directo, tienes deberes por delante, aunque escuchar trabajos como este siempre sea un punto interesante, más teniendo en cuenta cómo andan los precios de los tickets últimamente…
Suenan colosales, más, para mí, cuando sus amplis se desencajan en feedbacks angustiosos. El ADN de la banda está intacto. Seguirán haciendo pruebas que no cuajen, pero también brindándonos momentos icónicos como el décimo de su carrera.
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