Dicen que toda persona decente debería plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, unas metas que podrían parecer razonables para la mayoría si lo que interesa es dejar cierta huella en el mundo. Si extrapolamos este concepto al ámbito de la música, no cabe duda de que existen festivales creados desde abajo La entrada Crónica de Rebellion Festival con GBH, U.K. Subs, Die Toten Hosen, The Dickies o Ricky Warwick & The Fighting Hearts: Tres décadas de aniversario y las que quedan se publicó primero en MariskalRock.com.

Dicen que toda persona decente debería plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, unas metas que podrían parecer razonables para la mayoría si lo que interesa es dejar cierta huella en el mundo. Si extrapolamos este concepto al ámbito de la música, no cabe duda de que existen festivales creados desde abajo que llegan a cambiar por completo una población y a situarla en el mapa entre aficionados de diversos puntos del globo terráqueo.
Al igual que sucede con Wacken en el apartado metalero, la ciudad británica de Blackpool se ha tirado tres décadas acogiendo a punks procedentes de distintos países en el Rebellion Festival. Mucho ha llovido desde que se iniciara este evento multidisciplinar bajo el nombre de Holidays in the Sun que incluye un escenario literario y una cantidad tan desbordante de propuestas que convierte en tarea imposible abarcar en su plenitud. Tras acudir ya en seis ocasiones, nuestro consejo es tomárselo con tranquilidad, no estresarse con tantos grupos y acudir con la lección aprendida, pues lo mismo podría producirse una reunificación inesperada sobre las tablas.
Por si fuera poco, este año con motivo del treinta aniversario se habían montado varios bolos previos que contribuyeron a proporcionar todavía más ambiente a una localidad costera que tal vez se transforme en ciudad británica de la cultura en 2029. No nos dio la vida para acudir a todos, pero sí que seleccionamos un par de ellos.
Modelos masculinos y un icono de los ochenta
Buena terna se preparó el martes en el mismo recinto Winter Gardens del Rebellion con tres figuras originarias de décadas pasadas, algunas tan complicadas de ver por la península como Adam Ant, que la última vez que estuvo en nuestro país fue en Puerto Banús (Málaga) en 1985, según consta en los registros oficiales. Impresionante toparse con cantidad de seguidores ataviados con pintas de piratas decimonónicos como el famoso “Prince Charming”.

Calentó antes el ambiente la banda escocesa de new wave Altered Images, que se formó en 1979 y se disolvió en 1983 por falta de éxito, como les sucedió a muchos grupos de esa época. Regresó su vocalista original Clare Grogan con una nueva formación en 2021 y confirmaron su vuelta con ‘Mascara Streakz’, su primer álbum en casi cuatro décadas, que se dice pronto.
Su estilo a caballo entre Blondie y The Bangles no se tornaba una mala opción como aperitivo. Sonaron algunos de sus grandes temas como “Happy Birthday” o “I Could Be Happy”, pero también otras piezas recientes como la que daba nombre a su último disco o la electrónica “Double Reflection”, además de una versión del emblema soul “I Heard It Trough the Grapevine”. Ni tan mal para romper el hielo.

Los norirlandeses The Undertones eran palabras mayores. Vale que ya no esté su vocalista original Feargal Sharkey, pero Paul McLoone lleva en sus filas desde 1999 y se lo monta con bastante soltura sobre las tablas. Todo un gustazo escucharles arrancarse con himnos del calibre de “Jimmy Jimmy”, “Male Model” o “Teenage Kicks”. Parecía que les estuvieran persiguiendo, pues enlazaban unas canciones con otras sin apenas pausa. Por supuesto, no faltaron “My Perfect Cousin”, imprescindible en sus shows, o “Get Over You”, que conocemos por estos lares por la adaptación en castellano que hicieron en su día los gallegos Siniestro Total. Infalibles.
La incógnita respecto a Adam Ant residía en saber si este señor conservaría aquel icónico aspecto de los ochenta, que indudablemente llamaba la atención, y si mantendría las facultades vocales en plenitud. Podría contestarse ambas cuestiones de manera positiva, así como valorar el esfuerzo del artista por realizar un repertorio más rockero de lo que suele acostumbrar en suelo británico.

En este sentido, hubo rock n’ roll a la vieja usanza, en la glamurosa “Goody Two Shoes” o en la enérgica “Vive Le Rock”, de los mejores momentos del concierto. Y no se obviaron hits esenciales en su trayectoria, caso de “Prince Charming”, “Kings of the Wild Frontier” o “Stand and Deliver”, su único bis. Dado que no se suele prodigar demasiado por los escenarios de nuestro país, como hemos dicho, podemos sentirnos afortunados.
Noche de ska y de un legendario rude boy
Cambiamos de un plumazo la década de las hombreras por los sonidos de inspiración jamaicana, que pese a congregar menos peña que la jornada anterior, los ánimos sí que anduvieron en lo más alto. Gracias en parte a combos como Death of Guitar Pop, con un vocalista inquieto que mantuvo a los presentes dándolo todo en piezas del estilo de “Rudy Come Home” o “Cinderella’s Fella”, todo un temazo que te hacía mover los pies incluso aunque no quisieras. El eslabón imposible entre el indie y el ska.

Más hacia el reggae se escoraban Arthur Kay’s Originals, pero también poseían cierto interés “Street Little Princess” o “Bad Guy”, entre otras de un repertorio muy equilibrado. Fue la introducción perfecta previa a la irrupción de un legendario “rude boy”, Neville Staple, de The Specials, Fun Boy Three o con una reseñable trayectoria en solitario. Hace tiempo que quisimos catarlo en el Rebellion, pero no había manera con el abultado plantel estelar, así que esta era la ocasión perfecta.
El setlist repasó lo más granado de su carrera, deteniéndose en especial en The Specials, con “Gangsters”, “Nite Klub”, “Concrete Jungle” o el celebérrimo “Ghost Town”. De Fun Boy Three rescató “The Lunatics (Have Taken Over the Asylum)”, así como viejas versiones muy queridas por la afición como “A Message to You Rudy” de Dandy Livingstone o “Monkey Man” de Toots & the Maytals. Y menudo fiestón que se montó. Superó nuestras expectativas.
Promesas y pueblerinos punks
Todo un reconstituyente supuso quitarnos las legañas con los coreanos 18 Fevers, que se definen en redes sociales como “death punk disco”, aunque en realidad no se encuentren demasiado alejados de los británicos en boga Split Dogs. Cuentan con una enérgica frontwoman de rasgos orientales y trallazos como “Ignorance” o “Gatekeeper” podrían resultar motivos bastante convincentes para seguirles la pista. No sería extraño que en un plazo breve de tiempo muchos alucinaran igual que con los de Bristol.

Otra fémina aguerrida a las tablas capitaneaba Face Up!, hardcore punk en ocasiones bordeando el metal con una cantante salvaje en plan Olga de Svetlanas que no dudó en meterse entre la concurrencia para provocar un circle pit. Solo con escuchar proyectiles de la envergadura de “Rise” o el lema vital “Stand, Fight, Live, Die” uno puede hacerse idea de su apabullante potencial en las distancias cortas. Confirman que en la actualidad la aportación de las mujeres a la escena es uno de los grandes activos a nivel general.
Las adolescentes norteamericanas The Dollheads debutaron en el festival Rebellion en una de los escenarios dedicados a las féminas y desde entonces han subido en prestigio hasta conseguir abarrotar el selecto Empress Ballroom a una hora relativamente temprana. Rescataron el éxito ochentero “99 Luftballoons” de Nena, pero lo llevaron a su acelerado terreno, y no se olvidaron de “Teenage Runaway”, aquel single que les editó Fat Mike de NOFX en su propia discográfica. Aparte de un aval de tal categoría, cada vez se les nota más consolidadas.

Otros que también nos dejaron inmejorable sabor de boca en ediciones pasadas eran los oriundos de Southampton Slackrr, de mis grupos favoritos del momento. Míratelo si no te remueven por completo himnos pop punk a lo Blink-182 o Sum 41 como “Save Your Breath” o “Better Days”. Todo ello mientras el guitarrista Scotty y la bajista Caitlyn se alternan a las voces con una facilidad pasmosa. ¡Que alguien les traiga a la península ya!
La antorcha del incendiario rock escandinavo de Turbonegro, Glucifer o The Hellacopters portaban los noruegos The Good The Bad and The Zugly, a los que les sorprendió encontrarse en un recinto con tantos punks, pues confesaron ser pueblerinos “que ordeñaban vacas y plantaban patatas”. Tal vez sea cierto, lo que sí que conocen a la perfección son los mecanismos del auténtico rock n’ roll, ese que por su intensidad te levanta del sitio. Ahí estaba “November Boys” para atestiguarlo.

El inquieto vocalista mencionó a históricas bandas del punk como The Adverts, Sham 69 o Dead Kennedys antes de sumergirse entre los fieles para desencadenar pogos. Bandaza de las que dejan con el culo torcido.
El año pasado nos sorprendió toparnos con una cantidad ingente de personal y el foso abarrotado de fotógrafos para el dúo danés-brasileño The Courettes, al que siempre es un gustazo presenciar en las distancias cortas por su mezcla del furor garajero de The Sonics con melodías reminiscentes de The Ronettes y demás grupos de chicas de los sesenta.
En esta ocasión tocaban en un recinto con mayor capacidad y aprovecharon bien su tiempo evocando el wall of sound de Phil Spector en la maravillosa “Want You! Like A Cigarrette” o enarbolando el estandarte de los inadaptados con “Misfits & Freaks”, con coros deudores hasta las cachas de Ronnie Spector y compañía. Elegancia a borbotones.

Teníamos ganas de catar el folk punk a lo Dropkick Murphys de Black Water County, pero quizás el recogido ambiente con butacas del Opera House les restó algo de potencial. Eso sí, brillaron desde el inicio con “Who Am I Know” y “Darkest Days”, con las voces de Shannon Byrom y Tim Harris a pleno rendimiento, antes de otorgar una puntilla inmejorable con “Under Skies of Black and Blue” y la festiva “One More Beer Won’t Hurt”. Podrían acompañar tranquilamente en una de sus giras peninsulares a The Rumjacks.
Fue una pena que apenas pudiéramos disfrutar de las californianas Bad Cop/Bad Cop, puesto que les recordábamos de haber abierto para The Baboon Show de manera muy competente. “All Together Now” o “Retrograde” valdrían para poner a tono en cualquier momento, pero había que pillar sitio para lo que se avecinaba.
Dominio absoluto

Y eso eran los veteranos U.K. Subs, el primer plato fuerte de la jornada, que registró un lleno tan desbordante en el Empress Ballroom que hasta tuvieron que mover la valla de seguridad para que la peña estuviera un poco más desahogada. Parece mentira que un tipo de 82 años como el vocalista Charlie Harper siga conservando semejante vitalidad sobre las tablas y un dominio absoluto escénico. No en vano su compañero, el bajista Alvin Gibbs, lo describió como “el milagro viviente”.
Comentar además que han confirmado ya su concierto final de trayectoria en el Rebellion del 2027, pero hasta entonces continuarán derrochando magisterio con piezas que son historia del movimiento, caso de “Rockers”, “Emotional Blackmail”, “Riot”, “Stranglehold” o ese “Warhead” que adaptaron en castellano Parálisis Permanente. Esto debería ser el ABC de cualquier punk que se precie, el que no se lo sepa, a estudiar.
No faltó del mismo modo “C.I.D.”, la fuente original del “Jódete” de MCD, o un “Live in a Car” que vino precedido de la pregunta a la parroquia de si alguien vivía en un coche, lo cual no sería extraño con la situación de la vivienda actual. “Endangered Species” dejó los ánimos en lo más alto con otro recital de cátedra para recordar en la memoria. Aprovechen para verlos mientras todavía se pueda.

Abarcar todo en el Rebellion ya hemos dicho que es tarea imposible, por lo que teníamos pendiente contemplar a Steve Ignorant Band interpretando repertorio de Crass, un auténtico pilar del anarco punk. Con imágenes de protestas callejeras de fondo, estaba claro que iba a tratarse de un espectáculo multidisciplinar, pero no fue impedimento para que se coreasen a grito pelado eternos lemas como “Fight War, Not Wars”, “So What” o la apelación final de “Do They Owe Us A Living?”.
El vocalista Steve Ignorant ejerció de profeta mientras una entregada parroquia correspondía con coros, pogos y crowd surfing, pero no dudó en dejar también ese puesto a una cantante femenina y así situarse en un segundo plano. Una prueba de que a veces en este género lo importante no es quién toque una determinada canción sino el mensaje que se pretende transmitir. Y aquí hablábamos de letras incendiarias como cócteles molotov en vehículos policiales. La verdadera reeducación.

Seguimos quitándonos espinitas clavadas de antaño con Slaughter and the Dogs, aunque convendría precisar que en la actualidad existen dos bandas funcionando con este nombre. Por un lado, los que acompañan al vocalista original Wayne Barrett, y por otro, una facción liderada por el guitarrista Mick Rossi. Al parecer, en 2019 el primero despidió al resto del grupo y aseguró que nunca iba a volver a tocar con ellos.
Desde aquí rompemos una lanza a favor de los segundos por varios motivos. En primer lugar, por su voluntad de no vivir en exclusiva de las rentas, pues sacarán un nuevo disco titulado ‘White Heat’ el próximo septiembre. También había que destacar lo decente que les quedaban en directo históricas piezas del estilo “You’re a Bore” o “Cranked Up Really High”, su primer single editado en 1977.
Picar en el cancionero ajeno tampoco suponía demasiadas estridencias en su sonido, por lo que solo el adjetivo de brillante se admitía ante revisiones como las de “White Light/White Heat” de The Velvet Underground o la sorprendente “The Golden Age of Rock N’ Roll” de Mott the Hoople. Por cierto, mencionar que Rossi llegó a coincidir muy de cerca con el propio Lou Reed en un proyecto que apadrinó junto al actor Val Kilmer.

Toda una curiosidad se antojaba pillar a Bow Wow Wow, protegidos por el mánager de Sex Pistols Malcolm Mc Laren en su época, aunque lo poco que vimos de ellos fue bastante raro. “Imagino que tendremos aspecto diferente”, dijo la vocalista nada más salir y pidió que el escenario permaneciera en penumbra, lo que suponía un desprecio a la cantidad de reporteros gráficos que se habían concentrado para tirar fotos.
Cerramos la primera jornada con los veteranos The Stranglers, que volvieron a ofrecer un recital a la altura de su leyenda, cargado de clásicos como “Golden Brown”, “Peaches” o “Always the Sun” y con fans tan entregados como el guiri que nos tocó al lado, que añadía expresiones como “magnífico”, “perfecto” o “mamma mia” según iban avanzando un repertorio impecable. Resultaba curioso el entusiasmo que generaban en Reino Unido, mientras que en la península apenas superarían la condición de grupo para freaks.

Lo cierto es que no hubo desperdicio en el cancionero escogido para la ocasión, con momentos para el lucimiento vocal tanto del teclista como del mítico bajista Jean-Jacques Burnel. “No More Heroes” puso la guinda a una noche en la que las décadas de trayectoria volvieron a convertirse en un baremo inapelable.
Coreanas bebiendo todos los días
Hay que dar paso a las nuevas generaciones. Vienen irrumpiendo con fuerza, como los chavales londinenses de The Whops, con instrumentos casi más grandes que ellos, pero que congregaron una multitud bastante impresionante a primera hora. Aparte de algún tema original, revisaron “Brand New Cadillac” de Vince Taylor o “American Jesus” de Bad Religion, sin batería, aunque con unas ganas enormes.
El power pop a lo Kurt Baker de Marc Valentine nos resultó bastante más interesante, pues bebía de luminarias tan adoradas como The Romantics, The Boys o Paul Collins, lo cual no era decir poco. Melodías impecables sazonaron su repertorio, aparte de un vocalista muy competente, que evidentemente lo bordó cuando rescató “Will You Love Me Tomorrow” de The Shirelles, pero a su manera, por supuesto.

Las coreanas Rumkicks se han convertido en una presencia recurrente del Rebellion, pese a que su propuesta tampoco destaque por su versatilidad. Ahora hablan más en escena en un inglés rudimentario que hace mucha gracia a los nativos, por lo que la vocalista y guitarrista Jeong Yeawon pidió pasarse al fumeteo en “Drinking Everyday”, puesto que en su país el tabaco apenas valía “dos o tres libras”. Y en “Fuck You” denunciaron a los que les ponían trabas por no ser tan guapas ni perfectas como las artistas del cacareado K-Pop. Luchadoras natas.
A Split Dogs les habíamos visto meses atrás en el Azkena, por lo que tras escuchar el pepinazo “Rock ‘N’ Roll Business” preferimos concentrarnos en otras opciones. Como los clásicos del anarco punk Lost Cherrees, que se formaron allá por 1979, reformaron a la banda en 2003 y permanecen activos en la actualidad. Ya solo por disfrutar del himno “Living In A Coffin” merece acudir a un concierto suyo.

Toparse con un combo de glam metal a lo Mötley Crüe o Poison como Gypsy Pistoleros era un puntazo, además de contemplar las vistosas pintas postapocalípticas a lo Mad Max que se gastaban. En lo musical, “I’m in Love with Myself” remitía descaradamente al “Blitzkrieg Bop” de Ramones, una referencia que les había marcado casi tanto como New York Dolls, de los que copiaron la frase “When I say I’m in love, you best believe I’m in love, L-U-V” de “Looking For A Kiss”. Que me aspen si “Rattling” no podría proceder de cualquier banda angelina de los ochenta.
Riskee & The Ridicule ya nos habían llamado la atención en la edición anterior, por lo que no faltamos a la cita y fue alucinante encontrarse con un recinto abarrotado de muchos jovenzuelos que cantaban a pulmón piezas del estilo de “Body Bag” o “Kaboom!” mientras sobre las tablas su vocalista, una bestia desbocada con dientes platino, se dejaba hasta el alma. Su crudo hardcore de clase obrera se aproximaba a veces hacia el metalcore, por lo que no era de extrañar que consiguieran congregar a un público tan variopinto.

Otro evento que nadie debería perderse si va al Rebellion era un recital del mítico TV Smith, que ofrecería un espectáculo centrado en la banda que le dio la fama, The Adverts. “No Time To Be 21”, “We Who Wait” o “New Church” han superado de manera bastante aceptable el paso del tiempo y hoy en día suenan tan supurantes como hace media década. Y eso por no hablar de un tipo que sigue conservando la estética punk a sus 70 años y hasta se atreve a montar una especie de pogo con el pie de micro sobre las tablas. Infatigable.
Nunca olvidaremos aquella vez en la que los suecos Imperial State Electric cerraron su concierto bilbaíno en la difunta sala Satélite con una acelerada revisión de “This Is Rock N’ Roll” de los belgas The Kids. Pues bien, teníamos la oportunidad de contemplar a los autores de dicha piedra angular del punk belga, pero también atronaron otros cortes de ese histórico debut como “Fort the Fret” o “Money Is All I Need”. Me soplan que en breve regresarán a la península, por lo que, tras lo que contemplamos aquella tarde, perdérselos sería una temeridad imperdonable. Hasta los Deaf Devils quisieron estar en el foso.
Mick Rossi’s Gun St. se trataba de la formación del guitarrista de Slaughter and the Dogs, que al principio se mostró un poco molesto por el sonido. Superado el cabreo inicial, desgranó un repertorio tan apetecible como el del día anterior con su banda madre, recuperando esta vez “Situations”, pero también versiones tan versátiles como “I’m Waiting for the Man” de sus adorados The Velvet Underground, un “Five Years” que indudablemente pondría piel de gallina a cualquier fan del Duque Blanco, “Born to Lose” de Johnny Thunder & The Heartbreakers y ese “Get Ready” popularizado por The Temptations que también tocó el año pasado. Soberbio.

Los conciertos de Anti-Nowhere League de un tiempo a esta parte se han transformado en actos de hermandad punk donde se entonan alegres cánticos que celebran la quema del puente de Londres antes de “Streets of London” o se pone en valor a las mujeres de la escena en “Woman”. El puro nihilismo se halla bien representado con la oración al desfase “God Bless Alcohol” o la macarra “So What”, que en su día revisitaran Metallica.
Nick Culmer sigue siendo uno de los frontman más llamativos del punk, ya sea ametrallando ficticiamente a los fieles o descubriendo el pecho para que le disparen. Y no se le caen tampoco los anillos a la hora de homenajear a grandes de verdad en “Uncle Charlie”, dedicada al octogenario cantante de U.K. Subs. Cada homilía de este señor debería terminar con “We’re the League”, salmo fundamental del culto.

Para cerrar el día, hubo que dividirse y catar un poco de los Sham 69 de Jimmy Pursey, que apareció en escena encapuchado y posteriormente se fue descubriendo mientras lanzaba agua y ponía caras de colgado. “What Have We Got” pegó el pistoletazo de salida para que se elevaran las gargantas y se desataran pogos y crowdsurfing como pocas veces vimos en el Rebellion.
“I Don’t Wanna” o “Borstal Breakout” eran motivos para quedarse ahí pegado, pero no podíamos faltar a la cita con los valencianos Deaf Devils, que volvieron a poner el recinto patas arriba, a pesar de que les tocó lidiar una franja horaria muy complicada. Todo un orgullo para cualquier peninsular que los ingleses alucinen con su directo y sepan que sus conciertos no son de los que dejan indiferente.

Los punks siderales The Rezillos nos permitieron echar el resto con la supurante “Somebody’s Gonna Get Their Head Kicked Tonight” o la festiva “Top of the Tops”. Los vocalistas Eugene Reynolds y Fay Fife siguen demostrando una solvencia total a las tablas, al igual que el resto de la banda, y si a eso le sumamos temazos tan contagiosos como “Flying Saucer Attack”, “Destination Venus” o “(My Baby Does) Good Sculptures”, su viaje espacial en el tiempo resulta más que recomendable. Y encima rubricaron la velada con el impepinable “Ballroom Blitz” de Sweet. Casi nada.
La península abriendo fuego
En esta edición apenas había dos representantes peninsulares, los valencianos Deaf Devils, a los que ya nos referimos anteriormente, y las madrileñas Pubic Enemy, que también tuvieron una difícil papeleta abriendo la tercera jornada del Rebellion, aunque consiguieron congregar a una multitud muy respetable. Había incluso algunos paisanos que les jalearon gritando: “¡Vamos!”.

En lo musical basculaban entre el punk californiano a lo Bad Religion o NOFX y el rock alternativo con deje Dover. Se acordaron de las chicas rebeldes, abominaron del amor romántico y respondieron con “Filólogos” a los que les criticaban por cantar en inglés. No queremos crear polémica, pero en castellano nos recordaban a nuestros adorados Pantones. Le echaron muchas ganas, eso sí.
Metidos en harina, el subidón podía mantenerse sin problemas con los italianos Los Fastidios, cuya vinculación con Blackpool es ya tan evidente que hasta le han dedicado una canción. Al margen de ese detalle de agradecimiento, desplegaron himnos para dejarse las cuerdas vocales como “Clandestino” de Manu Chao, la versión de La Polla Records “Ellos dicen mierda” o el cántico de hermandad “Antifa Hooligans”. Capaces de animar el cotarro en cualquier momento.

Cambio de rollo de manera radical con el gothic americana de Heathen Apostles, que combinaban influencias casi antagónicas como The Pogues, Nick Cave and the Bad Seeds o Johnny Cash. Con una vocalista que parecía una bruja de Salem y el resto de miembros con sombreros, hechizaron sin duda a los que nos atrevimos con una propuesta que se salía de la tónica habitual. Maravillosos, un agradable paréntesis que te trasladaba hasta las montañas Apalaches por lo menos. Esperamos volver a coincidir con ellos.
Encontrarse con pioneros del punk como Johnny Moped, que iniciaron su carrera en 1974 y se abrieron hueco con la explosión de años siguientes, solo podría ser posible en el Rebellion. Ahí teníamos a tipos entrados en años metiendo caña como jovenzuelos y con un fiel contingente de seguidores. Brilló el “Little Queenie” de Chuck Berry, pero muy interpretado a su manera.
Los aguerridos Tear Up no bajaron las revoluciones con su street punk de estribillos coreables. “Retribution” o “The Truth” podrían obligar a cualquiera a no perderse ni un instante de su show, al igual que la contundente versión que se marcaron de The Business. Y cuando el vocalista decidió invitar a su hija pequeña a cantar con él, la peña se volvió todavía más loca. Para no aburrirse.

No deja de ser un poco ironía que uno descubra un grupo justo en el último concierto de su trayectoria, tal y como anunciaron al comienzo Chron Gen, formados allá por 1978. Demostraron poseer un catálogo de grandes temas como “Reality” o “Wasted Love”, que no entendemos como no fue un auténtico himno en su época. Y tampoco se olvidaron de su revisión del clásico punk “Jet Boy Jet Girl” de Elton Motello, aunque esta versión conocería mayor repercusión gracias a The Damned.
Apostar a lo seguro es acudir a un bolo de GBH para certificar por qué siguen siendo todo un activo del género décadas después de su creación. Se presentaron diciendo que eran de Birmingham, la misma ciudad que Black Sabbath, y que si ellos tenían “War Pigs”, ellos “Wardogs”, sobraban las explicaciones.

El vocalista Colin Abrahall, a sus 64 palos, irrumpe siempre con la chupa atada hasta el cuello sin que le entren sofocos, algo por lo que deberían ponerle un monumento, aunque luego se despoje de ella. Y pocos repertorios resultan tan inapelables como el que ofrecen estos británicos con “Give Me Fire”, “I Am The Hunter”, “Maniac” y todas esas piezas que han creado una espectacular escuela que llega hasta Metallica. A pesar de que todavía no han hablado de gira de despedida ni nada parecido, vuelvo a decir lo mismo que con U.K. Subs, aprovechemos cualquier ocasión para verles. Se les echará de menos cuando no estén.
Vendedores de millones de copias
Dentro del punk en alemán los veteranos Die Toten Hosen están en la cúspide al ser la banda del género que más ha vendido en su país junto con Die Ärzte. Cualquiera no alcanza los más de veinte millones de copias, lo que les colocaba del mismo modo en una posición privilegiada a la que habría que añadir una colosal trayectoria de varias décadas a sus espaldas.
Sumemos ahora el dato de que la población germana es una mayoría bastante importante en el Rebellion, por lo que ahí teníamos todos los ingredientes necesarios para que se desatara un jolgorio importante desde que arrancaran con “Strom”, bordeando casi el metal con ritmos contundentes. Fue como si se hubiera presionado un botón de apertura, pues el crowdsurfing se convirtió en una constante desde que iniciaran el recital.

Recordaron cuando gracias a las bases norteamericanas en su país pudieron escuchar al legendario locutor John Peel y así descubrir grupos como V2, con un single de culto como “Man in The Box”, cuyo conocimiento entraría sin duda en una hipotética cátedra de punk. Muy acertados estuvieron los teutones al acordarse de semejante joya en directo, y encima interpretarla con uno de sus responsables, el guitarrista Mark Standley, que aprovechó la ocasión para acordarse de los compañeros que no estaban presentes.
Al margen de ese detalle, el repertorio resultó un subidón total con piezas adrenalínicas del calibre de “Wir Waren Nie Weg”, “Auswärtsspiel” o “Bonnie & Clyde”. El final con “Hier Kommt Alex” dejó a los seguidores con ganas de más y con el deseo de que vuelvan a Blackpool lo antes posible. Inmensos. De lo mejor del festival.

Elegir entre el hard rock punkarra y el gótico para un servidor resultaba muy complicado, por lo que optamos por dividirnos y así presenciar a Ricky Warwick & The Fighting Hearts en el nuevo escenario que habían montado en el salón de conferencias. Acompañado de una solvente banda en la que destacaba el guitarrista Ben Christo (The Sisters of Mercy), el otrora componente de The Almighty dio otro recital para conservar durante una larga temporada en la memoria.
Estaba a punto de lanzar un trabajo titulado ‘Fire & Vengeance’, por lo que sonó el tema que daba título al álbum y algún otro adelanto más como “Seek Zen Destroy”, compuesta junto a Phill Collen (Def Leppard). Pero también evocó el nombre de sus acompañantes en la soberbia “Fighting Heart” y recordó sus raíces punkarras rescatando “Born To Lose” de Johnny Thunders & the Heartbreakers. Que alguien le traiga a la península, por favor.
Hay conciertos de los que captas únicamente unos breves instantes, pero eso ya te vale para levitar durante el resto del festival. Tal fue el caso de The Chameleons, cuyo sonido cristalino nos voló la cabeza en cuanto escuchamos “Second Skin”, con un Mark Burgess inmensísimo en el apartado vocal. Esto definitivamente estaba en otra dimensión.
El pelo y cualquier poro de la piel se nos erizó todavía más con “Don’t Fall”, pura crema sónica para saltar lágrimas a borbotones en la que además intercalaron el “Rebel Rebel” de David Bowie. Lástima no haberlo podido ver desde el principio, pero volverán por la península a finales de octubre. Contando los días.

Quizás los Penetration de Pauline Murray nos pillaron para el arrastre al final de la tercera jornada, aunque no debería caer en saco roto su encomiable revisión del “Free Money” de la poeta del punk Patti Smith o el “Nostalgia” de Buzzcocks, que dedicaron al fallecido Pete Shelley. Atronó por supuesto su tema bandera “Don’t Dictate”, toda una referencia indispensable del punk del 77. Para tomar apuntes.
Morras salvajes y un gurú vital de Nueva York

El festival Rebellion cumple de veras su cometido al presentar el cartel como un fenómeno global con bandas procedentes de los rincones más insospechados del mundo. Para abrir el cuarto día teníamos a Mikabomb desde el país del sol naciente, con un estilo desenfadado y una glamurosa puesta en escena. Difícil sería aburrirse con la declaración de principios de “Super Sexy Razor Happy Girls” o el aire más ramoniano de “Contact Tokyo”, además de una revisión en japonés del “Get Over You” de The Undertones. Tan exóticas como competentes.
John E Vistic Rock N’ Roll Soundsystem se abrían paso en el escenario Arena y conseguían atraer a un grupo considerable de fieles con camiseta de la banda. Y lo cierto es que tenían su punto con un saxofón que les otorgaba un aire diferente y un cantante desbocado que buscaba el contacto humano como Iggy Pop. Su vocalista acabó desparramando entre la multitud, en un acto de comunión total entre artistas y público.

El año pasado ya nos llamaron la atención las morras salvajes de Las Fokin Biches desde México. En esta ocasión irrumpieron en escena con monos naranjas de Guantánamo, aunque luego la vocalista y guitarrista terminaría en bragas, literalmente, tras pedir al personal que se despelotara con escaso éxito. En lo musical destacaban cantos inconformistas del calibre de “Perras” o “Perro jarioso”, pero tampoco se les caían los anillos por arrancarse con una cumbia. Visitarán Madrid el próximo 29 de agosto. ¡Yo no me las perdería!
El nombre de Chelsea suele ser habitual en los recopilatorios de punk del 77 y seguramente algunos recordarán el himno de clase obrera “Right to Work”, que por supuesto sonó durante su actuación. Por desgracia, por motivos de salud, no pudo estar presente el vocalista Gene October, pero les dio el visto bueno para que siguiera la celebración de su medio siglo de historia con el bajista y el guitarrista ocupándose del micro. Y el resultado fue muy satisfactorio, casi como si lo estuvieran haciendo toda la vida, por lo que enhorabuena a ambos, así como desear una pronta recuperación a Gene. A veces un legado es más grande que la suma de sus miembros.

Harley Flanagan y sus Cro-Mags se tornaban del mismo modo una referencia indispensable del hardcore punk. No existían demasiadas oportunidades de verles por la península, así que ahí había que estar. Nos topamos con una suerte de gurú vital que colaba consejos para el crecimiento personal entre canciones tan contundentes como “Face the Facts” o “Don’t Tread On Me”. El tipo además derrochaba una energía desbordante sobre las tablas, por lo que el sudor que le caía a borbotones era una inapelable muestra de entrega hacia los fieles. Exhibición de fuerza.
A Discharge les habíamos catado hace no mucho en el Azkena, pero no renunciamos a pasarnos un rato para disfrutar de bofetadas sonoras de la categoría de “Drunk With Power” o “A Hell on Earth”. Nos picó la curiosidad con The Members, otra banda de recopilatorios, que recreaban en esta ocasión en el Opera House el debut ‘At The Chelsea Nightclub’ de 1979, por lo que arrancaron con la instrumental de efluvio reggae “Electricity” y no se olvidaron de su tema bandera “The Sound of the Suburbs”. Estábamos esperando el dub de “Offshore Banking Business”, de más actualidad que nunca con tanto jeta con cuentas en el extranjero, pero se ciñeron al cancionero original del disco.

Los londinenses The Godfathers probablemente estén más cerca del hard rock que del punk, pero la versatilidad siempre se agradecía en este festival. Peter Coyne y compañía ofrecieron un repertorio intachable con todos sus clásicos como “Cause I Said So”, “If I Only Had the Time”, “She Gives Me Love” o “Love is Dead”, aparte de piezas más recientes del calibre de “OCD”, que certifican que nunca fue una banda con la intención de vivir las rentas. A pesar de que alcanzaran su momento álgido con el hit vital “Birth, School, Work, Death”, siguen siendo un importante activo en movimiento en el panorama contemporáneo.
A las leyendas californianas The Dickies por la península no se les vería ni de casualidad, así que acudir al Rebellion era una de las pocas oportunidades de contemplar a estos históricos del punk norteamericano. Ya estuvieron hace un par de años, pero su recital de una hora escasa nos dejó con ganas de más, y algo parecido volvió a suceder en esta ocasión, aparte de la sensación de que podrían haber aprovechado mejor su espectacular catálogo.

Nos pusieron los ojos chiribitas con su pepinazo “Give It Back” o con su casi irreconocible adaptación del “Nights In White Satin” de The Moody Blues. La formación actual combina savia nueva con veteranos como el vocalista Leonard Graves Phillips, que anunció que el próximo mes cumpliría 70 años y conserva su reconocible verborrea en perfecto estado de revista.
A pesar de que algunos cortes como “(I’m Stuck In a Pagoda With) Tricia Toyota” se aproximen más al power pop que al punk, los pogos y el crowdsurfing se convirtieron en una constante a lo largo del recital, el personal de seguridad tuvo que trabajar duro. Para amenizar el asunto, Leonard lo mismo sacaba una marioneta de un perro que una muñeca hinchable con la que bailaba y luego simulaba intimar ante la vista de todos.
Para cuando arremetieron con “Gigantor”, el pifostio que había montado era ya considerable, con peña lanzándose en volandas continuamente como si estuvieran en una cadena de montaje. La traca final con “Waterslide”, la revisión a mil revoluciones del tema folk “Eve of Destruction” de P.F. Sloan o la canción infantil punk de “Banana Split” fue gloriosa. Esperando que en su próximo regreso incluyan a la península de una vez.

Pusimos la guinda al Rebellion de este año con los históricos Ruts D.C., que esta vez no reventaron el recinto porque coincidía con Stiff Little Fingers, pero sí que atrajeron a un buen puñado de fieles. Pertenecían a ese selecto grupo de los que quieren seguir siendo relevantes hoy en día, por lo que alternaron cortes más cercanos en el tiempo como “Kill The Pain” con los clásicos de los setenta que todos esperábamos, caso de la fundamental “Babylon’s Burning”, el dub “Jah War” o “Staring At The Rude Boys”, que no podía faltar en ningún recital suyo.
Tuvieron problemas con los monitores, por lo que cuando abandonaron inesperadamente el escenario, imaginábamos que les había entrado el cabreo, pero la realidad fue que había sufrido un sofocón por el calor uno de los componentes. En cualquier caso, estos nunca defraudaban en las distancias cortas.
Pues así de esta manera cerrábamos la edición más ambiciosa del Rebellion. Pasar casi una semana en Blackpool, una localidad en la que hasta las gaviotas son punks, puede dar para mucho. Desde iconos ochenteros y figuras imprescindibles del movimiento hasta promesas que demuestran que dicho estilo de música está más vivo que nunca hoy en día. Recuerdo que cerca del escenario literario había un cartel que rezaba: “Lo impreso no ha muerto”. Apliquemos el mismo criterio al punk. Tres décadas de aniversario y las que quedan.
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