
Dicen que la inteligencia emocional ayuda a conectar con otras personas y establecer relaciones duraderas sin esconder en ningún momento los sentimientos. Tal vez por esa necesidad de ir a contracorriente que siempre acompañó a Manolo Rock opta por reivindicar en plena época tecnológica precisamente eso mismo en el disco ‘Emotional Intelligence’ de Huevos Duros. Alfredo Villaescusa no puede evitar lanzar sus preguntas a este versátil superviviente de la escena valenciana.
¿Por qué has decidido retomar Huevos Duros después de más de dos décadas? ¿Hubo algún hecho en concreto que te hizo despertar?
“Tengo mucho más tiempo libre en la actualidad y la cabeza me sigue funcionando a mil en cuanto a creatividad. No obstante, el parón del proyecto de cara al público, no ha implicado nunca el abandono del mismo. Durante todo este tiempo, mi home studio ha estado armado y mejorando continuamente; y mi mujer y yo disfrutando de él. No hemos parado de componer, grabar y aprender en todos estos años. Puro capricho, puro placer. El ponernos en el escaparate de nuevo ha sido debido a varios factores personales que han propiciado ese despertar. Dolor, muerte, nuevos amigos, nuevas ilusiones…”.
La última grabación databa de 1999, si no me equivoco. ¿Qué diferencias principales te has encontrado a la hora de lanzar el nuevo material?
“Aquel periodo lo podemos denominar como los “early years” de Huevos Duros, han pasado más de 25 años y ha cambiado todo, de arriba abajo. Cuando digo todo, me refiero a todos los campos relacionados con la industria musical. Las discográficas han muerto y viven de sus fondos de catálogos y las editoriales con las que robaron en sus buenos tiempos, los medios de comunicación se han tenido que reinventar, hay excedente de artistas, que tampoco tiene por qué ser malo…
La manera de llegar al último rincón del mundo la tienes a un golpe de ratón, aunque luego no te hagan ni puto caso, pero es reconfortante saber que tienes tu disco en México sin haberte gastado un euro en sellos. A la gente se le hace largo un LP, a un single igual le prestan un mínimo de atención, y terminaremos con una canción de veinte segundos para el TikTok. Todo es diferente, menos la mierda, que siempre flota, y está ahí arriba”.
Por cierto, ¿por qué el título de ‘Emotional Intelligence’? ¿Es una crítica hacia la inteligencia artificial?
“Nunca estaré en contra del progreso tecnológico, soy un apasionado de la informática en general y de la musical en particular. Eso sí, estoy totalmente en contra del abuso y mal uso de la inteligencia artificial. Jamás se me ocurriría darle una pistola cargada a un mono y, por desgracia, hay mucho tonto del culo por el mundo.
Mi vida siempre ha sido pasional hacia todo lo que me rodea, me he dejado el hígado y el corazón en todas mis aventuras. He intentado no decepcionar a nadie que haya confiado en mí, soy amigo de mis amigos, amo a Teyma, mi mujer, desde 1979… así que en los tiempos que corren de frialdad, maldad, enfrentamientos, cálculos y dígitos binarios, ¿por qué no un poco de emociones a flor de piel y afecto sano? Leí por ahí que la inteligencia emocional te ayuda a conectar con otras personas, forjar relaciones empáticas, comunicar de manera efectiva, resolver conflictos y expresar tus sentimientos. Me pareció un buen título”.
Una de las principales diferencias es que ahora cuentas con Gerard Fletcher a la voz y guitarras, al que descubriste siendo un músico callejero. ¿Cómo fue ese encuentro?
“Es un tipo con una historia curiosa, aunque muchos la definirían, a bote pronto, como la del típico perdedor que tanto gusta en las películas, aunque ya te puedo asegurar que nada más lejos de la realidad. Gerard tiene 46 tacos y es un londinense que viene de vuelta de todo y lleva una vida medio bohemia por la Vega Baja, pasa del negocio musical, hacia el que siente un desprecio visceral y vive totalmente apartado de él. Tuvo sus bandas de juventud, no se comió ni un colín y se ha dedicado a vivir la vida a su manera y sin ataduras.
Me siento muy identificado con su manera de pensar y no me ha sido difícil conectar con él, de hecho, ahora somos buenos amigos. Él se ríe cuando le digo que tiene talento para dar y regalar. Me parece que tiene una voz preciosa y un dominio de la guitarra que ya quisieran algunos para sí. La primera vez que lo vi me estaba dando un garbeo con Teyma por el paseo marítimo de Torrevieja y él estaba tocando y cantando las versiones de toda la vida que todos conocemos, nos apalancamos un buen rato a escucharlo, y cuando terminó, entablamos una amena charla, además de intercambiarnos números de teléfono”.
Imagino que alucinaría bastante cuando le comentaste lo de participar en un nuevo proyecto, ¿cómo se lo tomó? ¿Aceptó de la misma?
“A los tres días del primer encuentro, me dio por llamarlo y quedar con él. Le conté lo de Huevos Duros de los noventa, el concepto, mi filosofía y cuál era mi propósito en aquellos días, lo de mis cedés publicados, lo del punk-melódico-doméstico-industrial-LSD… Le di el coñazo con lo que había sido mi vida profesional, creo que lo encandilé y conseguí despertarle ilusiones olvidadas. El caso es que volvimos a quedar, esta vez en casa, y le mostré mis letras, inicialmente en español, bases que ya teníamos construidas, el software con el que trabajaba y, sobre todo, le transmití que esto era un proyecto puramente creativo, sin mayores pretensiones y alejado de cualquier presión. Su siguiente llamada fue para decirme que se embarcaba en el proyecto y que también tenía en su casa posibilidad de grabar en el Cubase, el mismo programa que uso yo. Los astros se estaban alineando para algo que ya sabía yo que sería mágico”.
Optaste por componer las canciones en inglés. ¿Cómo fue ese proceso? Creo que las supervisó tu hija, ¿verdad?
“Como ya te comenté, inicialmente las letras eran en español, pero el factor de la nacionalidad de Gerard y su inesperada aparición en escena, hizo que me decantara por el inglés. Si a eso le añades que mi hija es una apasionada del rock y además graduada en Filología Inglesa, pues como que no había mucho a lo que darle vueltas en la cabeza. Ella ha corregido todos los textos y estoy muy orgulloso del resultado final”.
El primer single “You” diría que tiene un aire muy cercano a Editors o Interpol. ¿Son dos referencias importantes?
“Las dos bandas que nombras podrían encajar con ‘Emotional Intelligence’, perfectamente, en el mismo cajón de vinilos de cualquier tienda de discos. Creo que nos movemos en el mismo espectro sonoro, aquel que predominaba en los ochenta con Joy Division, New Order, Chameleons, Wire, Gene Loves Jezebel, Sister of Mercy, The Church, Bauhaus… postrock, oscuridad, intensidad industrial, pinceladas de krautrock salpicadas con motorik… No hay nada que esconder, ni descubrir, la pólvora está más que inventada, nuestras influencias las lucimos a gala”.
Volviendo a la incorporación de Gerard, evidentemente aportó tanto la voz como las guitarras, ¿ha aportado también algo más, ya sea cierta actitud o influencias?
“Gerard ha trabajado codo con codo en el parto de todas las canciones y ha aportado ese talento innato que solo un anglosajón de pura cepa puede darle a un proyecto de este calibre. Gracias a él fue sencillísimo abordar con credibilidad y naturalidad el resultado final del disco. Y ahí están las pruebas, el trabajo suena espectacular. Además, hemos jugado con el factor sorpresa; por eso no quise cambiar el nombre. Nadie esperaba algo así de Huevos Duros. Quería darle una buena patada en los cojones a más de uno”.
¿Qué me puedes contar acerca de la temática de las letras? Tenemos piezas atormentadas como “Between Madness and Sky”, pero también algunas cosas más críticas como “Work, Home, Drink, Sleep”…
“Considero ‘Emotional Intelligence’ un todo, un álbum conceptual con un orden de canciones totalmente intencionado, de principio a fin. Es cierto que puede escucharse y disfrutarse en modo aleatorio, pero, como miembro del club de la vieja escuela, prefiero que el oyente se embarque en la aventura de nuestro protagonista, un personaje, como bien dices, atormentado, en busca de respuestas, y que vive sumido en un profundo galimatías entre la realidad y la ficción.
¿Drogas o enfermedad mental? Hay un oasis, casi un espejismo, en “Life With You”, donde parece que el amor va a iluminar su camino y un intento fallido de redención e integración en “Work, Home, Drink, Sleep”. No voy a hacer spoiler del final, que cada uno ponga el que más le seduzca”.
Veo que te has ocupado también de la producción, ¿ha sido por necesidad o prefieres tener el material bajo cierto control?
“Huevos Duros es un proyecto unipersonal en casi todos los aspectos, y eso no ha cambiado con el paso del tiempo. Mezclas, producción, masterización, diseño gráfico, composición, promoción y cualquier otra cosa que se ponga por delante y esté en mi mano llevan mi firma.
Eso no significa que cierre la puerta a colaboraciones puntuales. De hecho, en los noventa tuve participaciones divertidísimas con gente maravillosa como Carlos Pagola de Morgana Vs Morgana, Nano Alves de Cómplices (3Cómplices) o Ramón Martínez de All Sex Picken. Hoy ya no vivo en Valencia y he tenido la fortuna de conocer a Gerard, que aporta su sabiduría y su buen hacer. Y mención aparte para Teyma, que siempre ha estado ahí con sus maravillosos bajos secuenciados. Hasta donde puedo, ejerzo de Juan Palomo. Siempre ha sido así”.
¿Hay planes de hacer conciertos a largo o corto plazo? ¿Sería la misma formación que grabó el disco?
“Siempre he tenido propuestas para liarla en directo, pero, aunque no lo parezca, soy un tipo muy tímido, y esa faceta nunca me ha atraído ni me seduce lo más mínimo. Hago las cosas por puro placer, y hoy en día todavía más. Para más inri, Gerard y Teyma son la horma de mi zapato, tan antisociales como yo. Nos gusta encerrarnos, compartir ideas, creatividad, risas y buenos momentos. Ahora mismo estamos terminando algo muy especial que queremos tener en la calle en diciembre. Tengo la corazonada de que le va a encantar a cierto público ochentero de toda España y, muy en particular, a la peña de la terreta valenciana. El título edulcorado y acortado será “Spanish Stroll”. Hasta aquí puedo contar”.
El disco está dedicado a tu hermano de sangre Juan Carlos y a tu hermano por elección Jesús Alcusa, ¿por qué? ¿Quién es este último?
“Ambos han fallecido hace muy poco. Mi hermano Juan, con solo 55 años, nos dejó hace un año. Era un gran aficionado a la música y pasaba sus ratos libres enchufado a su pequeño ampli, cantando temas de Burning, Los Suaves, Asfalto, Ilegales… Incluso hacía sus pinitos intentando componer cosillas. Tuve la suerte de poder despedirme de él en persona, subí a Valencia justo la semana antes del desenlace. Se fue demostrando una entereza de la que me siento profundamente orgulloso.
La otra dedicatoria es para mi cuñado Jesús, que, como digo en los créditos, era prácticamente otro hermano de sangre. Nos dejó con 60 años, unos meses antes que Juan. Gracias a él me metí en el mundillo de la informática, aprendí a montar ordenadores, redes y hasta llegué a tener un servidor de internet en casa. Era un jodido crack y una bellísima persona. Nos corrimos muy buenas juergas, sobre todo en el Roxy Club, siempre estaba disponible para echar un cable y, para colmo, se declaraba fan de Huevos Duros. Se merecían un disco como este, y más”.
¿De dónde sale el nombre de Huevos Duros?
“Desde el principio buscaba un nombre chocante, de esos que, de salida, o te gustan, o te hacen gracia, o te provocan un rechazo absoluto. Lo que prefieras, pero que no pase indiferente. Quería algo que, para bien o para mal, se te quedara grabado en la mollera.
Siempre me fascinó el nombre de una maravillosa banda canaria llamada El Eructo del Bisonte, que casi fue la que me marcó el camino. Llegué a darle vueltas a Huevos de Bisonte y, de ahí, la musa me llevó a Huevos de Oro, la película de Bigas Luna protagonizada por Javier Bardem. Y entonces saltó la chispa, mi cabeza hizo clic, que diría Fernando Alfaro, y apareció sobre la mesa Huevos Duros.
Sonaba potente, irreverente y, además, deliciosamente ambiguo, ¿hablamos de cojones bien puestos o de gastronomía? Y, por si fuera poco, tenía ese toque simpático que recuerda a ‘El camarote de los Hermanos Marx’ y su mítica escena: ¡Y dos huevos duros!”.
En el pasado también destacó el tema “Quiero ser Bunbury”. ¿Crees que habrá llegado a oídos del propio interesado?
“La culpa fue de The Doors. Ese brutal “Light My Fire” y el comportamiento morrisoniano de Bunbury pedían a gritos una readaptación de la letra, y así nació “Quiero ser Bunbury”. Ciñéndome a tu pregunta, conviene recordar que mi querido Juan Carlos Prieto la usó casi un año, a diario, como sintonía de su espacio “Teloneros” en Radio 3.
Doy por hecho que, en algún momento, Bunbury tuvo que escucharla. Aprovecho para dejar claro que toda aquella parida fue en tono festivo, nunca desde el desprecio. Me parece un artista como la copa de un pino, uno de los pocos que ha sabido evolucionar y reinventarse continuamente. Tengo toda su discografía, desde Héroes del Silencio hasta hoy… y, por supuesto, los huevos tan duros como siempre. Igual le propongo hacer un dueto”.
La entrada Entrevista a Huevos Duros: “La pólvora está más que inventada, nuestras influencias las lucimos a gala” se publicó primero en MariskalRock.com.


