Hay nombres que se niegan a ser enterrados, y el de ElMuerto es, sin duda, uno de ellos. Fundada en 2011 en tierras onubenses, la formación ha sabido navegar por las aguas del hardcore y el rap metal más incisivo, dejando huella en la escena andaluza. Tras un silencio que muchos interpretaron como definitivo, la La entrada Crítica de ElMuerto: Ni permiso ni perdón se publicó primero en MariskalRock.com.

Hay nombres que se niegan a ser enterrados, y el de ElMuerto es, sin duda, uno de ellos. Fundada en 2011 en tierras onubenses, la formación ha sabido navegar por las aguas del hardcore y el rap metal más incisivo, dejando huella en la escena andaluza. Tras un silencio que muchos interpretaron como definitivo, la banda ha regresado sin pedir ‘Ni permiso ni perdón’ con una energía renovada, dispuesta a reclamar el espacio que legítimamente le pertenece.
El camino hacia este nuevo trabajo no ha sido fortuito. Debemos remontarnos a su álbum ‘Mil motivos para odiarte’, el cual se erigió como su mayor manifiesto hasta la actualidad. Tras el lanzamiento del single “Alpha” hace unos años, la banda entró en un letargo del que despertó con una formación rearmada y una propuesta sónica blindada. Bajo la batuta de Juan M.G., guitarrista original y motor creativo del proyecto, ElMuerto ha reclutado a Thassio (ex-Deliriko) a la voz que aporta una agresividad lírica renovada, escoltada por la contundencia de Víktor (VíaVerde) a la batería, la solidez de Pablo Morán a la guitarra y el pulso de Juan Antonio Alves al bajo.
La experiencia arranca con “Fuego”, una pieza que nos sumerge de inmediato en atmósferas de crudeza, donde los sintetizadores industriales se dan la mano con riffs de afinaciones bajas. Sin dilación estalla “Todo es falso”, una pista incisiva apoyada en una base rítmica demoledora que se vuelve más ecléctica en “Ni permiso ni perdón”, un corte cuya estructura y cadencia musical me ha recordado inevitablemente a algunos pasajes de bandas como Skindred o Ill Niño, fusionando el groove del nu metal con una agresividad vocal apabullante.
Y si nos vamos al terreno nacional, “Sombras, buitres, llamas” tiene cadencia de bandas como XXL, o “El bloque” y “Grita”, que desprenden una esencia que nos traslada al sonido más crudo de Hamlet o Narco, con estribillos diseñados para el pogo.
Por su parte, “Al sur del sur” introduce matices de rap metal más melódicos y espirituales que evocan la mejor época de P.O.D., y “Bienvenidos a la fiesta” pone el broche de oro con un cierre frenético que reafirma la identidad de la banda.
Es un disco necesario para los amantes del género, un puñetazo en la mesa que nos recuerda que el rap metal sigue vivo y tiene mucho que decir.
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