Hay bandas con las que has ido creciendo, peinando canas y acumulando batallas vitales, pero a las que basta ver sobre un escenario durante noventa minutos para volver a tener dieciséis años. Eso es exactamente lo que ocurrió este lunes en la Ciudad Condal. En el Sant Jordi Club, los canadienses Simple Plan regresaban a La entrada Crónica de Simple Plan + Neck Deep + Charlotte Sands en Barcelona: Pop punk sin fecha de caducidad se publicó primero en MariskalRock.com.

Hay bandas con las que has ido creciendo, peinando canas y acumulando batallas vitales, pero a las que basta ver sobre un escenario durante noventa minutos para volver a tener dieciséis años. Eso es exactamente lo que ocurrió este lunes en la Ciudad Condal. En el Sant Jordi Club, los canadienses Simple Plan regresaban a Barcelona para demostrar que el cuento de hadas del pop punk no solo sigue vivo, sino que vive una segunda juventud envidiable. Si en su última gira compartían cartel con The Offspring, esta vez Pierre Bouvier, Chuck Comeau y compañía venían dispuestos a liderar su propia fiesta acompañados por la emergente Charlotte Sands y nuestros queridos Neck Deep.
Llegamos al recinto y Charlotte Sands nos demostraba que puede defender su repertorio ante semejantes fans. Solo pudimos ver un par de temas pero nos dejaron muy buen sabor de boca. Neck Deep, puntuales a su cita, salieron con muchas tablas. Que yo recuerde les he visto cuatro veces: la primera fue en Razzmatazz 2 en 2016, la segunda de teloneros de lujo de Sum 41 el pasado 20 de noviembre de 2024, la tercera en el Slam Dunk de Francia en 2025 y la actual. Como siempre, lo bueno si es breve, dos veces bueno. Menudo banda son estos tios. ¿Cómo es posible mantenerse estático ante semejante ametralladora de hits?

La atención ya estaba puesto en los cabezas de cartel. Simple Plan viene a Barcelona y ya tienen el partido ganado. Esta vez, esperábamos tener nuevo disco bajo el brazo pero su constante trabajo en la carretera deben dificultar la composición de canciones aunque eso ahora mismo no importaba. Solo oir la intro, se desató la locura colectiva. Salir a escena y encadenar de golpe “I’d Do Anything”, la reciente “Nothing Changes”, una de mis preferidas, (extraída del soundtrack de su documental ‘The Kids in the Crowd’), “Shut Up!” y “Jump” debería estar prohibido por las autoridades sanitarias. A mis 47 tacos la sudada ya era épica y la lengua me llegaba al suelo.
Uno de los primeros momentazos de la noche llegó con “Jet Lag”, donde la propia Charlotte Sands saltó de nuevo a las tablas para bordar la réplica vocal que en su día grabaron con Natasha Bedingfield. Sin dar un solo segundo de tregua, cayeron a plomo “Addicted” y “Your Love Is a Lie”, la que siempre le pido a Chuck que toquen, demostrando que da igual que toquen rápido o lento: el nivel de energía de los de Quebec, el Canadá francés como aclaró en uno de sus discursos Pierre, es incontestable. Les siguieron la coreadísima “Welcome to My Life”, “You Suck at Love”, pepinazo tremendo, y ese himno veraniego atemporal que es “Summer Paradise”.

El tramo medio del recital sirvió para tocar la fibra sensible con “Untitled (How Could This Happen to Me?)” —con Pierre moviéndose al centro del recinto junto a la mesa de mezclas y acariciando un piano en una versión desgarradora y acústica—. Fue todo tan desgarrador que tuve un lapsus temporal. Volví a conectar con el momento remember que suponen versionar en formato pop punk el “All Star” de los desaparecidos Smash Mouth, el “Sk8er Boi” de su buena amiga Avril Lavigne y la apoteosis de “Mr. Brightside” de The Killers.
Acto seguido, los que pagaron el ticket VIP, al escenario para entonar la mítica “What’s New Scooby Doo?”, (para mí, quizás el único “pero” del setlist, aunque indispensable para los más nostálgicos) y la coreada “Where I Belong”, el himno firmado junto a State Champs que sigue siendo la BSO de los eternos adolescentes. Para los bises se reservaron, arrancaron el asalto final con la coreadísima “I’m Just a Kid”, una canción con más vidas que un gato, y cerraron por todo lo alto con la inmortal “Perfect”.

4.000 personas, la vez que he visto el Sant Jordi Club más lleno, abandonamos el recinto extasiadas, sudadas y con esa sonrisa imborrable que solo consiguen dibujarte las bandas que forman parte de la biblioteca discográfica de tu vida. Yo firmaba un concierto de Simple Plan al mes; seguro que todos seríamos mucho más felices. 25 años después, la llama del pop punk sigue más encendida que nunca. Que vuelvan pronto.

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